Mi nombre es Salome, tengo 17 años, soy Líder Ambiental de Colombia. A través de mi experiencia, he llegado a comprender que la nutrición no es meramente un asunto de salud, sino que constituye un pilar esencial para el desarrollo integral de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, y la sostenibilidad de nuestro entorno. En diversas comunidades de América Latina, incluida la mía, la mala nutrición repercute de manera significativa en el bienestar de la niñez, adolescentes y jóvenes, limitando su potencial y perpetuando ciclos de pobreza y desigualdad. Además, el impacto ambiental generado por nuestros actuales sistemas alimentarios acentúa la crisis climática, lo que hace imperativa una transformación en la manera en que producimos y consumimos alimentos.
La nutrición adecuada es crucial para el desarrollo físico y cognitivo de las niñas, niños y jóvenes. Según datos de UNICEF, en América Latina, uno de cada cinco niños menores de cinco años experimenta retraso en el crecimiento a causa de la desnutrición. En Colombia, se estima que cerca de un millón de niñas y niños se encuentran en riesgo de sufrir desnutrición crónica. Este problema no solo compromete su salud, sino que también impacta negativamente en su rendimiento académico y en sus oportunidades de futuro.
Para los adolescentes y jóvenes, llevar una dieta equilibrada es fundamental para mantener la energía y la concentración necesarias para el estudio y la participación en actividades comunitarias. Sin embargo, muchos se enfrentan a obstáculos como el acceso limitado a alimentos nutritivos, además de la presión de dietas poco saludables promovidas por la industria alimentaria. En mi comunidad, he observado cómo la escasez de frutas y verduras frescas afecta a mis compañeros, mientras que los alimentos ultra procesados suelen ser la opción más accesible.
La inseguridad alimentaria se revela como un tema de alta complejidad en Colombia y en América Latina. En nuestra región, 188 millones de personas no tienen acceso a una alimentación adecuada, lo que representa al 28% de la población. En mi país, 15 millones de personas viven en condiciones de inseguridad alimentaria. Todo esto se debe, entre otros factores a la pobreza, la desigualdad y el alto costo que tienen los productos alimenticios y nutricionales.
El cambio climático también nos muestra una situación crítica. Los fenómenos climáticos extremos como sequías, inundaciones y temperaturas extremas están repercutiendo de manera negativa en la producción agrícola, limitando la disponibilidad de alimentos, aumentando el costo y, por otra parte, en América Latina, 74% de la población vive en países expuestos a fenómenos climáticos extremos. En mi propia comunidad, los agricultores intentan adaptarse a esta realidad, lo que impacta de esta manera en la calidad y la cantidad de alimentos.
Unido a todo lo que he descrito hasta el momento, como joven, exijo a los líderes del mundo una respuesta contundente para dar vía urgente a las crisis en relación con la alimentación y nutrición y el cambio climático. Y esto es lo que estoy exigiendo:
Promover sistemas de alimentación sostenibles: se deben apoyar la agricultura local y sostenible, disminuir la pérdida de los alimentos, fomentar la investigación sobre los sistemas de producción de alimentos resilientes al clima, y todo ello permitirá garantizar alimentos más baratos y asequibles y a la vez contribuir a disminuir la huella de los gases de efecto invernadero producidos por la producción de alimentos.
Inversiones en programas de educación alimentaria: se trata de programas para enseñar a las comunidades la importancia de mantener una dieta equilibrio y por tanto de cómo acceder a alimentos saludables de manera sostenible.
Garantizar el acceso de a las personas a alimentos nutritivos: para ello, los gobiernos deben implementar políticas que subsidien alimentos saludables (y regular los productos ultra procesados) sobre todo cuando están dirigidos a niñas, niños y jóvenes.
Tomar las medidas necesarias para hacer frente a la crisis del cambio climático: los líderes mundiales deben tomar las ideas del Acuerdo de París y apoyar la financiación de iniciativas para mitigar los efectos del cambio climático en la agricultura y en la seguridad alimentaria.
Llevar a cabo las metas de los ODS: en particular el ODS número 2 que pretende erradicar el hambre y conseguir acceso a la seguridad alimentaria y nutrirse en el año 2030; sin ningún tipo de esfuerzos concretos en este sentido, el ODS es sólo un sueño.
La nutrición no es solamente una cuestión de salud; es un derecho humano y una inversión en el futuro de nuestra generación y del planeta. Como joven tengo la obligación de alzar la voz y exigir el cambio en la cumbre N4G de Paris. Pero necesitamos el apoyo de los líderes del mundo, de la comunidad y de las empresas para construir un sistema alimentario justo, sostenible y resiliente.
No podemos permitir que la mala nutrición y el cambio climático sigan robando el futuro de millones de niñas, niños y jóvenes en nuestra región. Juntos/as, podemos garantizar que haya alimentos nutritivos para todas las personas y que nuestro planeta se pueda construir un futuro para todas las generaciones.
Realizado por: Salomé Ramos, Delegada de World Vision en la Cumbre N4G
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