En Ocaña, Norte de Santander, los días de Juliana comienzan temprano. A las cinco de la mañana se levanta, se alista, desayuna y sale hacia el colegio. Tiene 11 años, cursa sexto grado y disfruta especialmente las clases de artística. Le gusta dibujar y cuenta que heredó de su abuela el gusto por el arte.
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Al regresar a casa, continúa con su rutina: hace sus tareas, cumple con sus deberes y se prepara para el día siguiente. En este camino la acompaña Marilyn, su mamá, quien está pendiente de sus actividades, la lleva al colegio y busca alternativas para cuidar el bienestar de sus hijas.
Actualmente, Marilyn está desempleada. Antes trabajaba como mesera en diferentes restaurantes del sector, pero el no tener un ingreso económico constante, está pasándole factura rápidamente. En casa, una de sus principales preocupaciones es garantizar que sus hijas tengan una alimentación adecuada. Aunque cuando puede compra frutas para ellas, reconoce que no siempre es posible hacerlo con la frecuencia que quisiera.
“Siempre que tengo algo yo les compro su frutita, pero pues no es muy seguido”, cuenta Marilyn.
Por eso, para ella, recibir orientación sobre alimentación saludable es especialmente importante. Considera que en su comunidad muchas niñas, niños y sus familias necesitan conocer más sobre buenos hábitos de alimentación y contar con herramientas que puedan aplicar en su vida cotidiana.
Fue así como Juliana participó en una actividad de alimentación saludable desarrollada a través del proyecto UNIR. Con el apoyo del Fondo Humanitario para Colombia y en articulación con World Vision Colombia, PLAN International, Federación Luterana Mundial, HIAS, ADRA y 3iS, el proyecto busca responder a las necesidades humanitarias de comunidades afectadas por diferentes situaciones que limitan el acceso a servicios básicos, medios de vida, protección, salud y condiciones dignas de vida.
Durante la actividad, Juliana aprendió que alimentarse de manera equilibrada no solo implica elegir diferentes tipos de alimentos, sino también prestar atención a las cantidades y buscar opciones que contribuyan a cuidar su cuerpo.
Para ella, el mensaje fue sencillo pero contundente: “Hay que saber manejar la comida y no abusar de ella. Comer más saludable para que el cuerpo se pueda fortalecer”.
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El aprendizaje estuvo acompañado de herramientas para llevar estas recomendaciones a casa. Juliana recibió un plato que le permite reconocer cómo distribuir los alimentos entre proteína, ensalada y arroz, y un vaso que le recuerda la importancia de preferir bebidas naturales sobre las gaseosas y los jugos procesados. También recibió un kit de cubiertos, una fruta, un jugo y un libro sobre alimentación saludable que espera leer junto a su hermana menor.
Para Juliana, estos elementos representan más que una entrega. Son herramientas que le permiten poner en práctica lo aprendido y comenzar a identificar alternativas más saludables en su día a día. Ahora, por ejemplo, reconoce que puede elegir una manzana en lugar de otras opciones que consume habitualmente.
“Me va a servir mucho para las cantidades de la comida y para saber diferenciar”, dice al explicar qué se lleva de la actividad.
Por su parte, Marilyn reconoce que las actividades le permitieron conocer recomendaciones que puede incorporar poco a poco en la alimentación de sus hijas. Una de las decisiones que quisiera fortalecer es precisamente el consumo de frutas, buscando que estén presentes con mayor frecuencia en las comidas de la familia.
Además del aprendizaje, estos espacios permiten que las niñas y los niños se encuentren, compartan y socialicen con otros. Marilyn destaca que las convocatorias y reuniones también son una oportunidad para que sus hijas participen en actividades diferentes a las de su rutina cotidiana.
Para Juliana, el cambio comienza con algo tan sencillo como aprender a reconocer qué alimentos pueden ayudarle a cuidar su cuerpo y tomar mejores decisiones. Su mensaje para otras niñas y niños es claro: reducir el consumo de comida chatarra y optar por alternativas que contribuyan a cuidar la salud.
En casa, ese aprendizaje encuentra el acompañamiento de su mamá. Así, lo que comenzó como una actividad sobre alimentación saludable se transforma en una conversación familiar que puede continuar en la mesa, en las compras y en las decisiones cotidianas.
“Muchas gracias, proyecto UNIR”, dice Juliana al finalizar.
El consorcio UNIR es apoyado por el Fondo Humanitario para Colombia y está conformado por World Vision, Fundación PLAN, HIAS, Federación Luterana Mundial, ADRA y 3iS.
Conoce cómo Juliana y su familia participaron en una actividad de alimentación saludable desarrollada a través del proyecto UNIR en Ocaña, Norte de Santander con el apoyo del Fondo Humanitario para Colombia y World Vision.
World Vision, en alianza con el ICBF y los Equipos Móviles de Protección Integral (EMPI), desarrollan acciones pedagógicas para que niñas, niños y adolescentes reconozcan sus límites, identifiquen situaciones de riesgo y conozcan las rutas de atención disponibles en sus comunidades.
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