Cuando la tierra comenzó a temblar en Venezuela, Betzabeth Fernández estaba trabajando en Altamira, Caracas. A varios kilómetros de distancia, sus seis hijos permanecían en la pensión donde vivían. En cuestión de segundos, la rutina de toda la familia cambió para siempre.
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Mientras intentaba comprender lo que ocurría, su hija mayor, de apenas 14 años, asumió el papel que nadie espera que una adolescente tenga que desempeñar. Sacó a sus hermanos del edificio antes de que parte de la estructura colapsara.
"Ella fue la que sacó a los niños... yo estaba trabajando y ella vivió toda esa experiencia. Cuando salieron, fue que se vino todo abajo", recuerda Betzabeth.
Después del terremoto, la familia perdió el lugar donde vivía. Durante varios días permanecieron en espacios temporales hasta ser acogidos en un refugio habilitado por una casa hogar en Caracas. Aunque el miedo sigue presente, hoy cuentan con un lugar seguro donde dormir y comenzar a reconstruir su vida.
La experiencia dejó heridas invisibles. Cada ruido fuerte revive el recuerdo del terremoto, especialmente para sus hijos.
"Cuando se cae algo en una azotea uno se pone en alerta porque se tiene ese trauma en la cabeza. No va a ser nada fácil para ninguno de nosotros", explica mientras habla del proceso de recuperación emocional que enfrenta toda la familia.
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A pesar de la incertidumbre, Betzabeth continúa trabajando en horario nocturno para sostener a su familia. Su pareja dejó temporalmente su empleo para cuidar de los niños mientras ella sale cada tarde a cumplir su jornada.
"Yo quisiera conseguir otro alquiler para que mis hijos estén estables nuevamente, que empiecen las clases y puedan volver a su escuela. Eso es lo que más anhelo: mi estabilidad otra vez", dice.
En el albergue encontró algo más que un techo. Encontró una comunidad que la acompañó en uno de los momentos más difíciles de su vida. "Aquí me he sentido como en mi casa, como en familia. Hemos tenido la mejor bendición del mundo... No puedo quejarme del sitio donde estoy acogida; me han tratado bien", afirma con gratitud.
Como parte de la atención de World Vision ante la emergencia, Betzabeth y su familia recibieron kits de higiene y kits lúdicos diseñados especialmente para los niños. Estos últimos contienen materiales educativos y juegos seleccionados con un propósito clave: permitir que, a través del juego y el entretenimiento, los niños procesen progresivamente el estrés y el trauma causados por el terremoto.
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"Los niños están maravillados. Tienen sus cuadernos y yo les pongo tareas para que vayan repasando y no pierdan el ritmo", comenta con una sonrisa.
Cuando habla del futuro, Betzabeth no menciona bienes materiales ni grandes aspiraciones personales. Todo gira alrededor de sus hijos.
"Mi deseo es que primero superen todo lo que ha pasado y que sean lo que ellos quieran ser. Si quieren ser reporteros, futbolistas o cualquier otra cosa, yo los voy a apoyar con todo el amor", asegura.
Después de todo lo vivido, dice que la emergencia también le dejó una enseñanza: incluso en medio de la pérdida, los venezolanos encuentran la manera de sostenerse unos a otros.
"Nosotros somos fuertes. Siempre sacamos una sonrisa de donde no la hay. Aprendimos que nosotros mismos somos familia, que nos refugiamos, nos apoyamos y cada uno pone un granito de arena para ayudar a los demás", concluye.
Hoy, mientras Betzabeth continúa reconstruyendo su vida junto a sus seis hijos, World Vision sigue caminando junto a las familias afectadas por la emergencia. A través de las entregas de kits lúdicos, niñas y niñas reciben herramientas para volver a jugar, expresarse y fortalecer su bienestar emocional, mientras sus padres y cuidadores encuentran apoyo para afrontar los desafíos que trae la recuperación.
Más allá de la respuesta inmediata, el compromiso es seguir caminando junto a las familias hasta que puedan recuperar la estabilidad, la esperanza y la posibilidad de volver a sentirse en casa.
Sobre World Vision
World Vision es una organización global de desarrollo, ayuda humanitaria y Advocacy (Incidencia política y movilización) de principios cristianos, enfocada en el bienestar y la protección integral con ternura de niñas y niños en situación de vulnerabilidad. Desde 1950, World Vision International ha contribuido con la transformación de millones de niños, niñas, familias y comunidades a través de programas de desarrollo, atención a emergencias y promoción de la justicia, sin distinción política, religiosa, de raza, etnia o género.
Después de perder su hogar a causa del terremoto en Venezuela, Betzabeth y sus hijos encontraron en un refugio un lugar seguro para comenzar de nuevo, mientras World Vision acompaña su recuperación con apoyos de primera necesidad.
World Vision, en alianza con la Alcaldía de Girón, reunió a 129 adolescentes, jóvenes y sus familias en el Bingo GEDSI, una estrategia participativa que promueve la equidad de género, la prevención de las violencias y la construcción de relaciones basadas en el respeto y la dignidad humana desde el hogar.
La jornada, iniciativa de World Vision con su proyecto Youth Ready, incluyó la elaboración de kokedamas, una técnica de cultivo de origen japonés que utiliza materiales naturales y biodegradables para fomentar la conexión con la naturaleza y promover prácticas sostenibles.
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