Precisamente, Pilar cuenta que ha sido tan grande el miedo que Briana no podía dormir sola, hasta le pidió a su papá que la dejara dormir con su “mami”. Y los primeros días tampoco quería volver al colegio, le daba miedo que todo volviera a pasar.
Sin embargo, no solo los recuerdos del temblor son los que avivan la tristeza de ese día. Todo parecía estar en calma, hasta que Pilar regresó al apartamento y encontró todo en el piso y las paredes gravemente agrietadas. Después llegó la noticia que temía: “Los ingenieros determinaron que el edificio ya no era habitable”.
Es así como un nuevo sacudón volvió cuando la tierra parecía haberse calmado, porque la incertidumbre llegó a removerlo todo. Para Pilar, las incógnitas están por todos lados. Su vivienda se la había entregado el gobierno debido a que fue desplazada por la violencia cuando vivía en Ceilán, zona rural del municipio de Bugalagrande; una comunidad que históricamente ha sido afectada por el conflicto armado y el desplazamiento forzado. Por esto, en 2019, la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas reconoció y notificó en el Valle del Cauca a la comunidad como nuevo sujeto de reparación colectiva. Gracias a ello, Pilar, junto a su familia, recibió una vivienda.
Esa misma que ahora está sellada, la que un día le brindó tranquilidad, hoy hace parte de muchas preguntas sin respuesta, porque “nadie dice nada”.
Pilar y su familia pudieron sacar sus cosas, pero para ellos lo más duro fue perder su casa, “porque las otras cosas se podían reemplazar, pero la casa no sería tan fácil, y menos sin terreno en el que volver a construir un techo propio”. Justamente ahí está la mayor desilusión de Pilar: “Ese es el dolor más grande que yo siento”.
Aparte de perder su vivienda y no tener un terreno propio para volver a empezar, la preocupación también pasa por tener un gasto extra, ya que ahora tienen que pagar arriendo: “Es mucho, sin contar servicios”. Pilar y su familia decidieron hacerlo porque, dentro de las opciones que tenían, era la mejor para no seguir durmiendo en carpas. “Eso es horrible, una situación dura, hasta compartir baños”.
Sin embargo, para salir de un problema parece que hay que entrar a otro: “Nosotros decimos: 'Bueno, tenemos para el arriendo, ¿y con qué vamos a pagar los alimentos?'”.
Así como esta, otras dudas rondan por la cabeza de Pilar, que se suman a la incertidumbre y los miedos que no se van fácilmente: “Gracias a Dios estamos completicos, estamos bien físicamente, pero estamos afectados mentalmente… Yo siento un ruido fuerte y de una vez siento que está temblando, digo: 'Dios mío, está temblando'… Es una angustia”.
La recuperación es un proceso que no termina de la noche a la mañana, que dura mucho más que el temblor, como esas secuelas de las que no mucho se habla, como el miedo que provoca la soledad. Para Pilar, cuando sus hijos se van a estudiar y su esposo a trabajar, los recuerdos de ese mal día vuelven. La angustia de sentir que todo va a volver a pasar es la que la acompaña cuando nadie está para darle la tranquilidad que necesita escuchar constantemente… “Es algo duro”.
Pilar cuenta que pasó varios días llorando y, a pesar de que aún siente miedo, ha recibido apoyo psicosocial. En su proceso de recuperación emocional cuenta con las palabras de aliento de su familia. Su hijo mayor, quien tiene 21 años, le da fortaleza; le dice: “Todo estará bien, mamá, tranquila”.
Así como su familia le da fuerzas para seguir adelante, las ayudas de los demás también le han dado alivio. Desde que la emergencia por el terremoto inició, las ayudas no han faltado, la Alcaldía ha brindado asistencia y la solidaridad de las y los colombianos la han visto familias como la de Pilar. Sin embargo, el tiempo no se detiene y “al pasar de los días ya la gente como que va olvidando”.
Justamente, el olvido es parte de los miedos que dejan este tipo de emergencias. Al no ver escombros, no escuchar titulares alarmantes ni cifras de afectados fatales, es como si todo hubiera pasado cuando dejó de temblar; cuando se empezó a escuchar por parte de las familias afectadas: “Gracias a Dios estamos bien”. Pero para quienes están viviendo las secuelas del terremoto, este episodio sombrío no ha terminado; por el contrario, sentir ese olvido colectivo sería añadir otra capa de tristeza en medio de la emergencia.
Por eso, la respuesta sigue activa para muchas organizaciones, y las ayudas, incluso un mes después, siguen llegando. Cuando le pregunté a Pilar por la ayuda que le acababan de dar la Fundación Éxito y World Vision, sus ojos se iluminaron. Ya no por el cristal que dejaron las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas al contarme lo sucedido; esta vez fueron sus ojos volviendo a mostrar que hay luz en medio de la oscuridad. Mencionó que cuando la llamaron el día anterior a la entrega, dijo: “El Señor nunca nos desampara”.
“Muy agradecida con el Señor porque siempre manda angelitos que nos acompañan, como ustedes hoy”.
Pilar contaba su historia entre lágrimas, se limpiaba el rostro y tomaba fuerzas para seguir mencionando todo lo que la angustia en este momento. Briana iba de un lado a otro; iba hasta donde su papá, miraba a su mamá desde lejos, volvía, escuchaba la conversación, la abrazaba, le besaba el cachete y Pilar le correspondía.
Es por eso que Pilar recuerda que no perdió todo, que su familia está completa. Que, a pesar de los nervios, el miedo y la incertidumbre, tiene el amor de quienes están a su lado, por quienes ha sido valiente, amorosa, sensible y con una fe enorme: “Muy agradecida con el Señor, que nos ama demasiado y nos tiene de pie, y sé que volveremos a empezar”.
Pilar, quien llegó a recibir un mercado sin querer aparecer en cámara, aceptando una foto y la grabación del testimonio de su hija, terminó contándome su historia fuera de cámaras. Se sintió segura, agradecida y, sobre todo, acompañada. Justo ahí también está el centro de la ayuda humanitaria; porque, más que una entrega, escuchar, tender la mano, dar palabras de aliento y dar un abrazo pueden ser la base para ver esperanza en medio de lo que parece perdido.
Pilar siguió agradeciendo. Sus ojos dejaron de brillar por las lágrimas y su leve sonrisa transmitía calma. Al final se despidió con un abrazo; de esos que le das a personas que conoces de hace tiempo, de los que se dan cuando se recibe un gran regalo, de los que nunca se olvidan.
Pilar no solo abrió su corazón al contar su historia en medio de una conversación casual, en un día soleado, pegada a una pared para que le diera sombra. Quizá sin saberlo, ha sido el reflejo de la resiliencia, del amor de Dios, del cariño de una madre, de la ternura de unos hijos y de la admiración de quienes pueden conocer su situación. Esta es similar a la de muchas otras familias afectadas por el terremoto, a quienes la tierra no solo las sacudió una vez, sino varias veces; quienes han recibido ayudas en alimentos, alojamientos y acompañamiento, y aun así no es suficiente.
Porque la emergencia no termina cuando la tierra deja de moverse, tampoco cuando los días pasan y ya no es noticia. No termina porque hay otras problemáticas que surgen después. Esas grietas que quedan en las familias son señales de vulnerabilidad que, si no se siguen priorizando, serán el anuncio silencioso de un temblor que sí puede prevenirse: no olvidando, donando, escuchando, visibilizando, orando y recordando que, cuando las emergencias se activan, atenderlas hasta lograr recuperar no solo lo material, sino también la tranquilidad y el bienestar de quienes fueron más afectados, seguirá siendo la prioridad para que todo un país siga unido. Porque olvidar no puede ser una opción; no cuando se grita “los necesitamos” en medio de un abrazo.
Las alianzas que llevan a conocer historias: World Vision, en alianza con la Fundación Éxito, entregaron 5.800 paquetes de alimentos en 12 municipios y zonas rurales del Valle del Cauca afectados por el terremoto del 10 de agosto. Se priorizó a madres gestantes, lactantes, y a niñas y niños, para promover la seguridad alimentaria en medio de situaciones de vulnerabilidad.
“Siente uno como un descansito con palabras de valor, de ayuda. Para nosotros es demasiado grande”. Pilar, participante de las entregas.
“Agradezco por tenernos en cuenta, esto nos ayuda a muchas familias en casa”.Briana, niña participante de las entregas.